viernes, 9 de enero de 2009

PAIS DE MIERDA

Les ofrezco un viaje al País de Mierda, al que resulta tan fácil de denostar, insultar y denunciar.

Siendo un País de Mierda, lidera la ciencia en su región, distribuye sus conocimientos por el mundo, mantiene un sistema democrático sin igual para su gobierno, pese a su raigambre religiosa cobija a una población mayoritariamente laica y abudandantemente atea. Tiene una población religiosa activa que si tiene vigencia es porque sus miembros aceptaron las leyes de la democracia y las respetan sin plantear fundamentalismos que afecten la vida normal de la ciudadanía.

Un País de Mierda que toleró siete años de bombardeos terroristas sin devolver las agresiones y denunciando permanentemente a la facción islámica atacante preservando la relación con las demás asociaciones en que se dividen sus vecinos.

Israel reaccionó, aguantó decenas de miles de misiles por años hasta que luego de anticipar que no estaría dispuesta a seguir recibiendo cargas explosivas en su territorio salió a buscar a los artilleros.

Eso es desmesurado para los hombres pacíficos que mandan a sus hijos a inmolarse en nombre de un dios despiadado ofreciendo un paraíso de vírgenes dispuestas a hacer del inmolado un libertino en el edén. Este es Israel, el que dicen que es un País de Mierda.

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Tampoco los elogios me harán perder la ecuanimidad.

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ACABO DE LLEGAR.

En realidad siempre estoy llegando.
Y cuando Uds. lleguen me encontrarán aquí, o en otra parte pero cerca.
Nunca me detengo, en realidad siempre estoy yendo.
Detenerse es dejar pasar el tiempo, moverse es despertar el tiempo adormecido.
Al fin y al cabo, adormecerse no está tan mal, pero por esas costumbres repetidas y transmitidas desde que los abuelos eran jóvenes, no hay que quedarse dormido.
Salvo cuando te mandaban a dormir, y uno no quería cerrar los ojos. Vale decir, dormirse no está bien, pero no hay que querer no dormirse.
Esto es lo que hace a la vida incomprensible. Casi todo lo que me gusta y divierte si no está prohibido, al menos está mal visto.

Jorge

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