martes, 30 de junio de 2009

La lucha por la ciencia

Hoy es un buen día.

El primer mensaje que abro en el correo electrónico es una nota de mi amigo Eduardo Joselevich, que me envía desde el Tigre, acá nomás y tan lejos, información aparecida en La Vanguardia, de España. Pilar Rahola, la gran periodista catalana, quien pertenece a la izquierda inteligente (Eduardo dixit, y yo apruebo) ha escrito sobre el Instituto Weizmann, y al nombrar a sus entrevistados dedica un párrafo al hijo de Eduardo y Fanny Joselevich.

Si el día empezó así, hoy vá a ser un hermoso día.

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Tampoco los elogios me harán perder la ecuanimidad.

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ACABO DE LLEGAR.

En realidad siempre estoy llegando.
Y cuando Uds. lleguen me encontrarán aquí, o en otra parte pero cerca.
Nunca me detengo, en realidad siempre estoy yendo.
Detenerse es dejar pasar el tiempo, moverse es despertar el tiempo adormecido.
Al fin y al cabo, adormecerse no está tan mal, pero por esas costumbres repetidas y transmitidas desde que los abuelos eran jóvenes, no hay que quedarse dormido.
Salvo cuando te mandaban a dormir, y uno no quería cerrar los ojos. Vale decir, dormirse no está bien, pero no hay que querer no dormirse.
Esto es lo que hace a la vida incomprensible. Casi todo lo que me gusta y divierte si no está prohibido, al menos está mal visto.

Jorge

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